Cuerpo de angustia

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«¡Usted es un capullo [con][1]

Esas fueron las últimas palabras, conclusión lapidaria de un psicoanálisis que había perdido la cuenta de los años. No era el primer insulto que Mathieu había soportado. Muchas veces se había sentido maltratado, despreciado por la mujer brutal que se impacientaba en el sillón. Aquellas palabras al menos habían tenido el mérito de poner fin a lo que ya no se sostenía, eran la gota de agua que por fin desbordaba el vaso.

Me cuenta el momento que provocó y precedió a la frase fatídica. Habla como si, extrañamente, desconociera el sentido de las palabras que pronuncia, cuando por lo demás todo indica que sabe perfectamente lo que dice. «Le dije que tenía un problema ginecológico, una infección venérea, una blenorragia… Ella me interrumpió bruscamente, me dijo que tenía gonorrea y que iba a infectar a mi mujer… “usted es un capullo”»

La angustia le hizo escuchar y traducir la frase al pie de la letra[2]. Un mes más tarde aparecieron los primeros signos de una rectocolitis hemorrágica. Desde entonces cada año, a modo de aniversario, volvían los sangrados. Esta repetición, que nada parecía poder frenar, fue lo que hizo que Mathieu retome el análisis a pesar del miedo y la desconfianza.

Cuando, al momento de la escansión, Lacan echa a su paciente [fout son patient à la port[3]], éste -al igual que Mathieu- recibe el mensaje claramente, pero lo traduce en un dialecto distinto, no en el del cuerpo sino en el de lo imaginario. A la sesión siguiente, lleva [porte][4] un fantasma de embarazo anal acompañado de su resolución por cesárea. El golpe asestado por la escansión deja visiblemente sus huellas en el fantasma: sodomía y eventración. La violencia ejercida por el analista (escansión-sodomía-expulsión del consultorio) regresa en una forma invertida: embarazo anal. La escena analítica de la transferencia y la contra-transferencia (desmentida por Lacan) se despliega como una escena primitiva entre un analista a tergo (y partero) y un paciente en posición pasiva y femenina.

En los dos pacientes, el tratamiento de la angustia se lleva a cabo por vías divergentes. En el de Lacan, el sueño hace su trabajo cumpliendo con lo que Ferenczi definirá como su «función traumatolítica»: de un puntapié en el culo hace un embarazo; de un ataque de angustia, un cumplimiento de deseo. Ello le permite, en cierto modo contra su analista, restablecer las fronteras del setting  brutalmente pisoteadas por quien, sin embargo, debería ser su garante. De un acting, de un fallo de su analista, el paciente hace una interpretación, salvaje por cierto, pero interpretación al fin. A Lacan le gustaba ironizar sobre la «supuesta comunicación de inconsciente a inconsciente» (supuesta por Freud). Sin embargo, bien podría ser que, a través de lo que el analizando «percibe» del deseo del hombre situado tras de sí, ese tipo de comunicación sea la que otorgue al sueño la posibilidad de apropiarse del trauma y de metamorfosearlo.

Mathieu, la angustia de Mathieu, sigue un camino distinto. En el origen de la secuencia también encontramos un acting de la analista, esta vez un insulto. A la violencia del gesto se añade el poder de la palabra. La palabra «coño»[5] está cargada de historia, incluso de poesía, que de Malherbe a Aragón cantan el placer-deseo del sexo femenino. El encuentro entre él y «el problema ginecológico» es una colisión, una colusión. Todo ocurre como si la simbolización salvaje de la situación transferencial hecha por la propia analista -la identificación brutal del hombre con el otro sexo: «usted es un capullo/ [usted es un coño]»- privase al analizando, a Mathieu, de sus medios de traducción o de simbolización del evento. Como sucede en las neurosis actuales, la angustia toma un atajo, ella toma cuerpo. Sin embargo, no es indiferente la forma y el lugar en que se presenta. La rectocolitis de Mathieu permanecerá leve y regular. Su feminidad silenciosa encontrará, en el nuevo análisis, su vía de expresión y de metamorfosis en un sueño donde por fin se aprecia la capacidad de hacer un trabajo de transformación de la angustia. En el centro de este sueño encontramos el mismo significado expresado con un significante diferente: «agujero». «Agujero» es una palabra sin terminación, un pozo sin fondo a la vez difuso, informe, cloacal y abrupto; sin duda más regresivo y menos erótico que «coño». Este momento de reencuentro de la plasticidad está sin embargo cargado de una angustia que despertará nuevamente la rectocolitis, aunque en una forma homeopática, como una réplica lejana de la primera sacudida. Ese episodio será también el último.

Jean Laplanche ha planteado la hipótesis de una analogía entre el dispositivo analítico y la «situación antropológica fundamental», aquélla que reúne a un infans en busca de apego y a un adulto que, por estar dotado de un inconsciente, ofrece sin saberlo «sentimientos originados en su vida sexual» (Freud). Situación originaria de pasividad -«las primeras experiencias sexuales son ciertamente de naturaleza pasiva[6]»- que feminiza a quien está sometido a ella. La escansión o el insulto consiguen abolir la metáfora entre las dos situaciones, realizando su identidad en la forma de una efracción.

En el origen el infante es un niño «orificial», atrapado por la tormenta de lo sexual mucho más allá de lo que su respuesta auto-erótica le permite apaciguar[7]. Aunque Freud no desarrolla suficientemente esta idea, se ve llevado a enraizar la angustia femenina en la primera infancia, a sostener su primitivismo. El cuerpo primitivo se ve confrontado de entrada, mucho antes de la diferenciación de los sexos, con la feminidad, con el ser-penetrado. Es por eso que cuando la angustia toma el camino más corto, se precipita sobre el cuerpo…

 


* «Corps d’angoisse», en Libres cahiers pour la psychanalyse, 2010/1, nº21, p.125-127. Traducción: Deborah Golergant

[1] “Con” en francés significa literalmente “coño”, encontrando el uso popular de “jilipollas” o “capullo”.

[2] “Usted es un coño”. N de T.

[3] Subrayado en el original. N. de T.

[4] Subrayado en el original. En francés “porter” puede traducirse por “cargar” o “llevar” y existe la expresión “porter un embarazo”. N. de T.

[5] Véase la nota a pie de página nº1.

[6] Freud (1931), O.C.F/P., vol. XIX, Puf, p. 21.

[7] Esta es una hipótesis que desarrollé hace algunos años en Los orígenes femeninos de la sexualidad (1995), Madrid: Síntesis, 2004.

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