Algunas cuestiones sobre el inconsciente «enclavado»: sus contenidos, su organización, sus posibles cambios

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El artículo de Jean Laplanche sobre las «Tres acepciones de la palabra “inconsciente” en el marco de la Teoría de la seducción generalizada» es, sin ninguna duda, un artículo importante, y no sólo en el seno de esta teoría, donde representa una etapa fundamental. De hecho, busca integrar en la tópica freudiana «clásica» -neurótica-normal- una tópica del clivaje, indispensable para enmarcar no sólo las problemáticas de la psicosis, los casos límite, las psicopatías y las perversiones, sino también fenómenos  propios de la normalidad (los virajes, aunque sean delimitados y temporales, hacia la psicosis, la somatización, el pasaje al acto, etc.) y aspectos de la relación analítica. Todo ello preservando al inconsciente sexual de toda desexualización.

El desafío que lanzo en este ensayo no es tanto el de criticar el artículo de Jean Laplanche sino más bien el de buscar integrarlo y articularlo, premisa indispensable para someterlo a un trabajo crítico. En este sentido, plantearé algunas cuestiones tal vez banales, ingenuas e imprecisas, pero sin excluir que puedan hacer aparecer puntos críticos del modelo propuesto.

Una primera cuestión, que puede permitirnos introducir un tema importante, concierne a dos pasajes del artículo. El primero dice: «Si la noción de ello conserva un sentido es por caracterizar al inconsciente reprimido que, por su alteridad, deviene verdaderamente “algo en nosotros”, un “cuerpo extraño interno”, un “ello” ». Poco después se afirma: «La traducción del mensaje enigmático del adulto no se hace en una sola vez sino en dos tiempos. El esquema en dos tiempos es el mismo que el del traumatismo: en el primer tiempo el mensaje está simplemente inscrito o implantado, sin ser comprendido. Está como conservado bajo la fina capa de la conciencia, o “bajo la piel”. En un segundo tiempo el mensaje es reactivado desde el interior. Actúa entonces como un cuerpo extraño interno que es necesario integrar, dominar a cualquier precio». ¿Es que podemos utilizar la imagen del «cuerpo extraño interno» para el inconsciente reprimido y, también, para los mensajes implantados aún no traducidos o para los mensajes entrometidos, es decir, para el inconsciente enclavado? Sin duda éste último es una parte del aparato psíquico de todo ser humano y, por lo tanto, en cierto modo es «interno». Sin embargo, el fracaso del pasaje por la traducción/represión impide que pueda constituirse, a diferencia del mensaje implantado, como «algo en nosotros», como un interior, aunque se trate de una alteridad (la otra cosa en nosotros). Así, para lo enclavado no hay ni una pulsión con su objeto-fuente, ni  un yo que establece una tópica  – que  comporta  un interior, según el modelo del cuerpo.

Dicho de otro modo, lo enclavado, más que ser «reactivado desde el interior», es  tal vez reactivado en superficie, en la «dermis psicofisiológica de un sujeto en el cual una instancia inconsciente no está aún diferenciada» (J. Laplanche, «Implantation, intromission», Psychanalyse à l’Université, 1990, 15, 60, p. 155-158) (1). A lo sumo una superficie que se invagina, pero aún así una superficie, o más bien una brecha que se abre también en superficie, como lo  propuso Laplanche a propósito de la intromisión.

Una segunda cuestión se refiere a la diferencia entre los contenidos del inconsciente enclavado y los del inconsciente reprimido, que, como recuerda acertadamente Laplanche, han perdido su función de referencia y de representación, que aún siendo significantes han sido cortados del circuito de sentido y, desde entonces, sólo se representan y se significan a sí mismos. ¿Cuál es, pues, la diferencia entre lo no traducido que precede a toda traducción o es radicalmente excluido de ésta, y lo no traducido que es el residuo de toda traducción? En ambos casos estamos frente a algo  « que ha escapado a esa puesta en sentido que yo designo como traducción». En ambos casos hay algo  que «no es del dominio del sentido sino que está constituido por significantes», algo que ha sido privado de su sentido a pesar de derivar del lenguaje y de la comunicación. ¿Tal vez la diferencia está en la contrapartida preconsciente (y por lo tanto yoica) que el inconsciente reprimido posee y, por el contrario, le falta al inconsciente enclavado?

Una tercera cuestión concierne a lo que me parece una diferencia entre el modelo propuesto por Dejours (C. Dejours, Le corps d’abord, Paris: Payot, 2001) y el modelo de Jean Laplanche que de él deriva. La diferencia se observa incluso en sus esquemas: para Dejours la posibilidad de franquear el límite del clivaje –que parece constituir una barrera impermeable- parece pasar, por así decir, por la parte exterior y, en cierto modo, exigir un tránsito por la capa consciente (aunque sea la de la conciencia del sueño). Para Laplanche, por el contrario, el límite del clivaje «puede ser franqueado, por ejemplo cuando se engrana un nuevo proceso de traducción». Sin embargo la traducción (incluso en su esquema) no parece implicar, necesaria ni directamente, un pasaje por la conciencia, aunque Laplanche considere a la perlaboración del sueño –que compromete a la conciencia- como un «crisol» fundamental del inconsciente sexual, reprimido.

Una cuarta cuestión se refiere a la reactivación de los contenidos del inconsciente enclavado. Esta reactivación puede producirse como efecto de un encuentro con la realidad que sobrepase la barrera de la desmentida, en particular cuando se alcanza la «zona de sensibilidad del inconsciente»: sea porque se propone nuevamente el mensaje comprometido que está en el origen de esos contenidos (o algo de ese mensaje), sea porque se ofrecen nuevas posibilidades de traducción (a partir de nuevos códigos psicológicos o fisiológicos). En este último caso –y volviendo a mi primera cuestión- la del inconsciente enclavado sería una reactivación «desde el interior», pero en el sentido de derivar de un cambio en las posibilidades de traducción determinado por la estructuración diferente y el enriquecimiento del preconsciente y, por lo tanto, del yo. Pero esa reactualización y esa reactivación, ¿no podrían estar determinadas por el cambio en el pseudo-inconsciente de lo mito-simbólico, por el cambio en la asistencia de traducción y sus medios (sea en la dirección de su incremento, en la de su debilitamiento, o en la de un cambio de acentos), aunque dicho inconsciente «no encuentre su lugar en el interior del aparato»?

Una quinta cuestión atañe a la relación entre las diferentes partes y los diversos contenidos del inconsciente enclavado: ¿estarían desprovistos de toda relación y de toda coordinación, como lo propuso Freud a propósito de los contenidos del inconsciente reprimido, o estarían de algún modo y en alguna medida organizados? Por ejemplo, en su modelo traductivo de 1896 Freud afirma que «los signos de percepción», que constituyen la primera inscripción de las percepciones (y por lo tanto aún no están «traducidos») están ordenados según asociaciones de simultaneidad. Por lo demás, Laplanche supone que el inconsciente enclavado está, por así decir, «a flor de conciencia», mantenido por una fina capa de defensa consciente que funciona según un modo aparentemente lógico, «operatorio», por desmentida y por un razonamiento consciente que es «como el reflejo invertido de lo que es desmentido», sólo separados por el «signo de la negación». ¿Todo ello implica que, de forma especular, el inconsciente enclavado tendría una organización, que va más allá de las asociaciones de simultaneidad freudianas, y una lógica (con su sintaxis y su semántica), diferenciándose así tal vez del inconsciente reprimido, cuyos contenidos no tienen ninguna relación entre sí?

Una última cuestión –que sin duda está ligada  a mi segunda cuestión –se refiere a las características del mensaje comprometido que pueden impedir la traducción. Consideremos la noción de «proscripción atrofiante» de Dejours, que en lugar de la seducción estructurante, del compromiso de la comunicación y del llamado a teorizar y a interpretar, impone una detención del pensamiento, interrumpe la comunicación y mantiene al infans en el registro del apego, de lo instintual y del cuerpo biológico, impidiendo la subversión constitutiva del cuerpo erógeno. ¿Podemos suponer que esos mensajes entrometidos, al excluir toda posible traducción –además de estar acompañados de, por así decir, una «ayuda para no traducir» o hasta un mandato de no traducir- pueden determinar una suerte de desvanecimiento o de neutralización de las facultades perceptivo-conscientes que habían permitido y efectuado la recepción inicial? Dicho de otro modo, esos mensajes podrían sustraer a la subversión constitutiva del cuerpo erógeno funciones y partes del sistema Percepción-Conciencia. Podrían anular funciones y partes de dicho sistema que ya habían sido adquiridas por la subversión del cuerpo erógeno, empujándolas nuevamente hacia el cuerpo instintual y biológico donde, desde entonces, quedarían relegadas.  De modo que para esos mensajes ya no podría darse  ese pasaje por el sistema Percepción-Conciencia, que es esencial por ejemplo en el trabajo onírico, crisol fundamental del inconsciente sexual. Así, permanecerían en la zona de estancamiento sin posibilidad de  una nueva acogida y, por lo tanto, tampoco de un «retorno de lo proscrito» -salvo a modo de una reactivación de la misma proscripción-  y sin posibilidad de ser reactivados en el encuentro con la realidad humana. Para esos mensajes se obtendría un silence radio radical, porque ninguna frecuencia de radio está disponible para captarlos.

Respuesta de Jean Laplanche a Alberto Luchetti 

En primer lugar, hay que reprochar a los grandes precursores, Freud, Klein, Bion, etc., el haber sembrado la confusión a propósito del término «clivaje». Spaltung (D), Splitting (En).

La Spaltung, tal como es definida por Freud en su artículo de 1938, es sin duda violenta, afecta al yo, pero no es un mecanismo de defensa del yo. La línea vertical trazada en el esquema topológico no es una línea de conflicto. No es posible situar ahí ni la desmentida ni ninguna acción defensiva. Es (según Freud) una línea de coexistencia con ignorancia total de la otra mitad. Cada una de las dos mitades tiene que vérselas con el objeto de la desmentida ( de la castración), una para aceptarlo (represión), la otra para desmentirlo (fetichismo). En otros términos, yo siempre he concebido la línea vertical del «clivaje» como una suerte de cortina opaca pero movible. Dicho esto, nada impide que el tema se revise, pero a condición de mantener cierto acuerdo sobre el significado de las palabras.

A su primera cuestión:

1- Primero, no estoy seguro de que seamos capaces de distinguir de entrada, desde el exterior, si un mensaje está implantado o entrometido. Sólo el futuro –aquél de la traducción o de su fracaso- lo dirá. Por lo demás, nuestra esperanza terapéutica es que al menos una pequeña parte del mensaje haya permanecido implantada = simplemente como mensaje. Responder que hay dos caras, A y B,  del cuerpo extraño interno no resuelve nada. De hecho, la cuestión que usted plantea acertadamente es cómo el inconsciente enclavado es afectado, puesto en marcha, y cuáles son las consecuencias de esa puesta en marcha. Esa es, en realidad, su pregunta 4, a la que no puedo responder más pues abre muchas cuestiones que les toca a ustedes desarrollar. Sin embargo, hay al menos dos vías: intento de traducción / acting out; dos vías que tal vez podrían conjugarse en el marco de un intento de psicoterapia analítica. Pero estoy de acuerdo con usted cuando dice que el acting out, psicótico o perverso, no es lo mismo que el retorno de lo reprimido, ni una verdadera pulsión, aunque los propios perversos pronuncien  gustosamente esa palabra. Que ese pasaje al acto violento sea más bien reactivado desde el exterior: he ahí una hipótesis «seductora».

2- Para mí los contenidos enclavados son mensajes, y no una yuxtaposición de significantes. Ejemplos simplistas: «toma este pecho que está gozando», «tú debes porque debes». Estos mensajes, como todo mensaje, vienen del preconsciente del adulto, comprometidos por su inconsciente.

Esos contenidos enclavados aún no han pasado la prueba de la traducción, por lo tanto aún no han «escapado a la puesta en sentido». La idea de una puesta en sentido al momento mismo de ingresar en el aparato del alma nos devolvería directamente a una concepción solipsista-ptolemaica. Lo que viene del exterior no es un estímulo sino un mensaje, incluso intraducido.

3- Evidentemente hay diferencias entre Dejours y yo. Él no ha asimilado del todo lo que es el clivaje freudiano (Cf. más arriba).

Para mí la línea del clivaje es atravesada cada vez que hay intento de traducción. Por otro lado, no entiendo bien la idea de «zona de sensibilidad del inconsciente» y el autor de esta expresión (M. Fain) es muy poco explícito.

4- Su cuarta pregunta retoma un poco la primera: ¿cómo funciona el inconsciente enclavado? Todas las hipótesis están permitidas, sobre todo si se recuerda que sus contenidos son muy diferentes: mensajes enclavados en espera de traducción, mensajes detraducidos por el análisis, mensajes impedidos, temporal o definitivamente, de toda traducción.

De todos modos, pienso que son secuencias enigmáticas pero significantes, coordinadas cada una por su cuenta, y no elementos reprimidos aislados como en A. Se intenta traducir frases o segmentos de frases, no palabras aisladas.

5- La quinta cuestión, que se refiere a la coordinación y a  la activación del inconsciente enclavado, remite primero evidentemente a los diferentes tipos de emisores adultos de esos mensajes. Es probable, como lo señala también Calich al hablar de lazos metonímicos, que sean privilegiadas las conexiones por simultaneidad. Pero tomemos una imagen: en la fotocopia de una página, aparentemente el único lazo que persiste es el de la contigüidad. Tal letra, luego tal otra, etc. Lo que no impide que los otros lazos, lazos de sentido de lo más diversos, puedan ser reactivados a partir de esa página. Son jeroglíficos en el desierto, aún indescifrados pero abiertos a la traducción.

 6- Finalmente, respecto a su última pregunta  estamos todos en  pleno trabajo. Desde el momento en que se admite la hipótesis traductiva y el modelo bipartito, permanece esta gran cuestión: lo que es o no es susceptible de traducción. Las propuestas y observaciones de Dejours, relativas a la violencia, la «proscripción atrofiante», etc., tan sólo piden servirse del modelo metapsicológico e integrarse a él.

 J.L.

 

Notas

Alberto Luchetti, «Quelques questions sur l’inconscient «enclavé» : ses contenus, son organisation, ses changements possibles», Publicado en Psychiatrie française, nº3, 2006, «Le concept d’inconscient selon Jean Laplanche» pp. 110-117. Traducción: Deborah Golergant [La traducción de este texto ha sido revisada en enero de 2014].

1. [«Implantación, intromisión» en La prioridad del otro en psicoanálisis, Amorrortu, 1996, pp.103-106].

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