Para «hacer trabajar» a la tópica laplanchiana

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Aunque ésta no es la forma habitual de presentar un trabajo en nuestra disciplina, me permito –teniendo en cuenta la naturaleza particular de esta publicación- comenzar expresando mi placer personal de participar en este homenaje rendido a Jean Laplanche. Pensador excepcional, autor creativo, inspirador y consistente que, de acuerdo con una de sus formulaciones más conocidas y de forma constante, ha «hecho trabajar al psicoanálisis», afrontando valientemente y con un adecuado rigor metodológico la complejidad del espíritu humano.

 «Tres acepciones de la palabra “inconsciente” en el marco de la teoría de la seducción generalizada» es un ejemplo de este «hacer trabajar». Una evidencia del movimiento constante de traducción, detraducción y retraducción que observamos permanentemente en su obra. Un esfuerzo necesario a los intentos de reencontrar significaciones ampliadas en los enigmas propuestos por nuestra práctica a propósito del alma humana y de nuestro método.

 Estimulado por la clínica, Laplanche nos ofrece a través de este artículo una segunda mirada a su propia teoría, un segundo tiempo de traducción y de significación, introduciendo conceptos y aclaraciones fundamentales, esenciales a la naturaleza englobante y a  la coherencia del marco teórico de la teoría de la seducción generalizada.

La propuesta de un aparato del alma unificado con su nueva formulación tópica, añade al rol -ya ampliamente expuesto- del «otro humano» y de lo sexual en la constitución de «lo humano de lo humano», una solución a los impases  teóricos creados por la heterogeneidad y la «modularidad» del inconsciente (la coexistencia de fenómenos neuróticos y no neuróticos observados en la clínica tanto de pacientes neuróticos como no neuróticos), así como por el rol de la cultura en la constitución del psiquismo. Muchos otros autores han propuesto modelos para tratar, separadamente o juntas, esas dos variables  esenciales, en lo que en otro lugar (Calich, 2003a; 2003b) llamé «una ola teórica evolutiva», «un salto teórico conjunto… hacia la unificación». Algo que, en mi opinión, Jean Laplanche ha conseguido hoy.

La vía de acceso a esta unificación es «la exigencia» constante a propósito de la teoría y del pensamiento psicoanalítico esencial, especialmente el de Freud pero también el de Lacan, Klein y la psicología del yo. En este aporte metodológico, los conceptos de esas escuelas no son simplemente dejados de lado o cómodamente adoptados sino, al contrario, se busca comprenderlos a partir de sus propios orígenes -en un trabajo parecido al de la «deconstrucción»- permitiendo así nuevos desarrollos. De este modo se pretende que las miradas resultantes de los diferentes puntos de vista, desde ahora «puestos a trabajar», encuentren coherencia con el conjunto de la teoría.

En mi opinión los añadidos actuales son evoluciones de conceptos ya presentes en la obra de Jean Laplanche que adquieren una nueva forma y, en tanto tales, se prestan a comentarios y a consideraciones relativas a sus posibles implicaciones. Ello permite, pues, «hacer trabajar al texto», como intento hacer brevemente aquí. 

 Represión originaria, clivaje y situación del mensaje no traducido en lo que concierne al objeto-fuente de la pulsión. 

 El concepto de inconsciente enclavado da cuenta de una importante deficiencia teórica del psicoanálisis en general, atribuyendo un lugar en el interior del aparato psíquico a los mensajes no traducidos y poniendo el acento en su estado de no-ligazón (de no-recomposición y de no-retranscripción) que, sin embargo, tiene posibilidades metonímicas, así como en el tipo de defensa consciente que moviliza. Situado «bajo la piel», como un «subconsciente», es un lugar al interior del psiquismo que alberga lo que todavía no es propiamente psíquico, sino más bien su materia prima: los mensajes no traducidos. Estos serían «mensajes que han sufrido un fracaso radical de traducción, elementos de mensajes aún no traducidos, en espera de traducción y, tal vez, también mensajes detraducidos, en espera de una nueva traducción» (Laplanche, 2003, p. 416).

 El embrión de este concepto está presente, desde los primeros momentos de la teoría de la seducción generalizada, en el concepto de enclave psicótico (Laplanche, 1987, p. 148) (2), siendo éste en aquel momento un supuesto ente enclavado entre los dos tiempos de la represión originaria y, en la formulación actual, transformado en una tópica formada por un movimiento de desmentida (Verleugnung) que provoca un clivaje (vertical) del yo (Ichspaltung).

 Esa formulación, fundada en la desmentida, me parece reforzar la coherencia del modelo de la teoría de la seducción generalizada. Ésta pone el acento en la pasividad infantil al momento de la constitución del psiquismo, cuando la presencia de lo sexual del otro en el contacto con la alteridad es vivida como desbordante por quien la percibe. En esas condiciones, el movimiento de desmentida sería una vía «natural» frente a la intensidad de la extrañeza y a la inmadurez del aparato psíquico. También me parece bastante coherente, incluso si es poco común, considerar ese espacio como un «subconsciente», así como su no correspondencia a un preconsciente, por las razones que el autor ha evocado claramente. En el mismo sentido, en términos de una cohesión conceptual y clínica, encontramos la descripción de  propiedades de la asociación metonímica entre elementos del inconsciente enclavado, lo que corresponde a un pensamiento operatorio. El conjunto de esas afirmaciones nos conduce a un modelo  bien articulado e integrado, vivido en la clínica del funcionamiento no neurótico tanto en estructuras neuróticas como no neuróticas.

 Este conjunto de nuevas propuestas suscita algunas reflexiones que resumo en las preguntas siguientes:

 1. Si el mensaje que viene del otro pasa primero por el inconsciente enclavado –lo que determina un tiempo de espera- entonces el tiempo del clivaje vertical, el tiempo de la desmentida según lo sugerido antes, ¿precede al de la represión originaria? Si consideramos que no «genera» el inconsciente reprimido sino que crea las condiciones de posibilidad para la acción de la represión originaria, ¿diríamos que es su precursor funcional?

  2. ¿Qué es lo que distingue a los mensajes no-traducidos de los restos no traducidos de aquellos mensajes que ya fueron parcialmente traducidos y, al haber sido  reprimidos, devienen objeto-fuente de la pulsión? El hecho de que esos mensajes no traducidos ya hayan franqueado la barrera del clivaje vertical y sufrido el efecto del proceso traductivo, ¿modifica su estructura? ¿Estarían ya «comprometidos» con el proceso de traducción? ¿Cuál sería la naturaleza de ese compromiso? Esos mensajes, incluso si conservan su carácter de extrañeza, ¿estarían ya en cierta medida «convertidos» en una sustancia propia al infans, mientras que los que no han sido traducidos serían percibidos como definitivamente extraños (aunque no lo sean completamente)? O bien, ¿al entrar en contacto con la función traductiva su contenido sexual sería percibido (permaneciendo -aún sin ser asimilable- como estímulo para la traducción, según Laplanche lo expone ampliamente a lo largo de toda su obra), mientras que los mensajes «enclavados», por el hecho del no-contacto definitivo o temporal con la traducción, serían tomados como si fueran no sexuales?

 3. Los mensajes no-traducidos, tengan o no un potencial de traducción, ¿funcionan todos ellos como si fueran «intromisiones» (Laplanche, 1990)?

 4. Si la suposición precedente es verdadera, ¿no sería útil dialogar con el pensamiento de Bion (1962a, 1962b, 1992)? Pienso, en particular, en lo que concierne a la destinación de elementos bêta (que correspondería a la destinación de mensajes absolutamente no traducidos o que han perdido su traducción). Al no ser traducidos, ¿podrían persistir en su inscripción corporal o ser remitidos al cuerpo (como síntoma psicosomático), o a la motricidad voluntaria (a modo de acción o de agitación psicomotriz)? ¿Podrían invadir el pensamiento (a modo de alucinaciones) o incluso la mentalidad grupal (produciendo diversos funcionamientos grupales regresivos)? O aun, a partir del nuevo modelo tópico de la Teoría de la seducción generalizada, en este último caso, ¿podrían entrar en contacto con los códigos del pseudo-inconsciente de lo mito-simbólico?

5. Yendo más lejos en este diálogo que se apoya en el pensamiento de Bion: Puesto que esos mensajes no-traducidos se encuentran protegidos por un clivaje, ¿es lícito suponer que, según la fragilidad de ese clivaje, esos elementos invaden otras zonas del psiquismo e, incluso, como fue sugerido antes,  zonas influenciadas por el psiquismo? Y si consideramos que esos mensajes tienen posibilidades metonímicas («funcionando según un modo aparentemente lógico, operatorio»), ¿diríamos que, cuando están fuera del inconsciente enclavado, se ofrecen a la función traductiva, teorizante, metaforizante  (cuando es preservada), de una forma particular, tal vez con un pseudo-sentido?¿Qué hará la función traductiva, metaforizante, con esas informaciones desprovistas de un «verdadero» sentido? ¿No buscará darle una coherencia en una actitud como la de la fabulación? Por tratarse de una consecuencia de estas características del «inconsciente enclavado» -por lo tanto, universales- esa «pseudo-traducción» ¿no estaría en mayor o menor medida presente en todo individuo, con importantes repercusiones sobre los modos de la comunicación humana, las cualidades de la transferencia y el propio método analítico? En mi opinión otro aporte de Jean Laplanche, transferencia en lleno y transferencia en hueco, incluso si precede al aporte actual, da cuenta de esta última tensión evocada (Laplanche, 1987, 1990, 1998).

 6. Sobre la pista de los pensamientos que vienen de ser expuestos, planteo la hipótesis de que los mensajes no-traducidos, sin significación, mantenidos «bajo la piel», pueden ser «reencontrados» (por un mecanismo de proyección↔introyección) en el mundo exterior, perturbando la percepción del mismo. En uno de los extremos de ese disturbio se encontraría la «objetivación» inadecuada del exterior por la percepción de lo no-metaforizado re-encontrado, tomado por real, por «objetivo». Una categoría perceptiva «operatoria» que no toma en cuenta la presencia del significante enigmático y que nos ayudaría a comprender una parte de los fenómenos de «objetivación» de la realidad tan comunes en nuestro Zeitgeist, responsables, entre otros fenómenos, de la creciente negación del inconsciente y de su método de estudio, el psicoanálisis.

El pseudo-inconsciente de lo mito-simbólico 

A lo largo de la descripción y de la exposición de la Teoría de la seducción generalizada, J. Laplanche ya señalaba el origen socio-cultural de los esquemas narrativos preformados, como el complejo de Edipo, el complejo de castración, etc., que serían absorbidos por la función traductiva. En el presente desarrollo de esta teoría señala el rol de la cultura en el sentido de que «ayuda a traducir» los mensajes enigmáticos, proporcionando, a través de las estructuras de lo mito-simbólico (y no directamente por sus contenidos), los esquemas narrativos que perpetúan e innovan los códigos inconscientes.

Laplanche llama pseudo-inconsciente de lo mito-simbólico al lugar, exterior al psiquismo, donde se encuentra –entre otros símbolos- la reserva, la provisión de informaciones sobre la historia mítica de la humanidad, del grupo y de la familia. Al ayudar en la construcción de significaciones de mensajes individuales, esas informaciones a la vez historizan al individuo y lo inscriben en el contexto civilizador.

 Considero que la articulación y la precisión de la definición de este «lugar», de sus propiedades, incluida la característica de ser «implícito» -inconsciente sólo en el sentido descriptivo- y la elucidación de su dinámica, nos ofrecen un modelo con diversas posibilidades de desarrollo, útiles para la comprensión de la relación entre el individuo y la cultura.

 Podemos deducir de este texto que ciertas formas de las estructuras mencionadas facilitan la traducción, mientras que otras la vuelven más difícil,  siendo responsables de la traducción parcial de algunos mensajes y de la permanencia de intromisiones a modo de imperativo categórico, que funcionarán como un superyó primitivo.

 Sobre este punto quisiera agregar algo que no está en el texto pero que, en mi opinión, sigue su línea. Si nos basamos en las ideas de Ferenczi (1939) expuestas en «Confusión de lenguas entre los adultos y el niño» –citado por J. Laplanche en varias ocasiones- lo traumático no se produciría tan sólo en el acto de abuso contra el niño sino que además sería reforzado, en un segundo tiempo de violencia, cuando el mundo adulto negara y desacreditara la experiencia afectiva vivida por el niño. Ello produciría una «experiencia» compartida de no representación del abuso. Considerando que éste es un  modelo de traducción que utiliza el pseudo-inconsciente de lo mito-simbólico, quisiera sugerir que la presencia de la desmentida (Verleugnung) en la estructura de lo mito-simbólico es una fuente particular de mensajes mal traducidos o definitivamente no traducidos que serán retenidos o devueltos al inconsciente enclavado. Creo que esos mensajes pueden encontrarse en la génesis de patologías tales como el fanatismo u otros problemas severos del pensamiento individual y colectivo, así como de lo que llamamos «patologías contemporáneas».

Por lo demás, yo diría que un mensaje que contiene en su propia estructura una parte «desmentida», echaría a perder su función enigmática así como su potencial de traducción o, en todo caso, el trabajo de traducción demandaría un esfuerzo excepcional.

La revolución copernicana inacabada 

Para el lector que conoce la Teoría de la seducción generalizada, el artículo «Tres acepciones…» provoca una extraña sensación de simplicidad debido a su claridad  y consistencia. A medida que las ideas son presentadas, es posible articular e integrar elementos expuestos en los numerosos artículos que habían precedido a la nueva formulación. Progresivamente son evocadas imágenes clínicas, traídas a la memoria por la profusión de sentido.

Afirmar que esta nueva proposición tópica cierra la «revolución copernicana», como uno estaría tentado a decir, iría en contra del método utilizado e indicado por J. Laplanche. Creo que es más adecuado decir que el modelo tópico propuesto, la «tópica laplanchiana», presenta un alto valor heurístico y un alto nivel de correlación clínica, de acuerdo con el programa de investigación iniciado por Freud.

En lo que a mí concierne, es un privilegio tener la ocasión de participar en este diálogo/homenaje.

Respuesta de Jean Laplanche a José Carlos Calich 

Por su comprensión a profundidad y sus contribuciones, José Carlos Calich me brinda una excelente ocasión para precisar ciertos puntos y para plantear con él algunas cuestiones.

La primera precisión parecerá curiosa: se refiere a Bion y a su intervención en el debate. Ahora bien, reconozco con mucha vergüenza que no conozco a Bion, no por mala voluntad sino porque nunca he leído dos páginas suyas que pueda comprender.

También reconozco que mi interés disminuyó mucho cuando, al hojear sus libros, me di cuenta de que nunca se trataba el tema de la sexualidad,  menos aún el de la sexualidad infantil. Incluso habría en ellos un movimiento de desexualización, que consiste, por ejemplo, en utilizar símbolos claramente sexuados ( y ) para atribuirles un sentido abstracto y no sexual (continente-contenido). Por mi parte, no encuentro ninguna relación con el psicoanálisis de Freud (ni siquiera con su texto más desexualizado: «Formulaciones sobre los dos principios…»).

Otro punto factual. No me parece que Freud haya dicho que el clivaje del yo tenga por causa la desmentida. El texto de Freud hace coexistir dos mecanismos de defensa sin que uno influya en el otro. Uno neurótico: la represión, el otro perverso o psicótico: la desmentida. La Spaltung, que se produce entre dos mecanismos de defensa, no es necesariamente ella misma una defensa. En todo caso Freud no lo afirma. Sin duda todo esto ha sido trastocado por el uso post-freudiano (kleiniano) del clivaje del objeto, o de la pulsión, como mecanismo de defensa.

 En cierto modo yo suscribo esa posición freudiana y, por eso, tiendo a considerar al clivaje del yo como un «estado de hecho» que resulta de la instalación de la represión. La represión crea la parte A del esquema y, por eso mismo, crea el clivaje entre dos sectores que se ignoran, A y B. Esto no suprime las dificultades, pero voy a esforzarme en responder a todas preguntas.

a 1) No creo que el clivaje se deba a la desmentida ni que el tiempo del clivaje preceda al de la represión. Para mí no existe primero un aparato y luego un proceso. Es el proceso (traducción) lo que crea el aparato a partir de A, por lo tanto, la delimitación con B.

 a 2 y 3) Es posible que haya habido una confusión en mi expresión. Pero yo distingo claramente los mensajes (o mensajes parciales) no traducidos, de los fracasos de la traducción al momento del proceso de traducción/represión (objeto-fuente de la pulsión). Entre los mensajes no traducidos hay mensajes comprometidos (en espera de traducción) e inscripciones que, por su estructura misma, van a mostrarse rebeldes a toda traducción. No por no ser sexuales sino, al contrario, porque siendo demasiado –y únicamente- sexuales,  hace falta el compromiso (apego) necesario para que se engrane una traducción.

Al no ser reactivados, los mensajes o inscripciones enclavadas pueden permanecer inertes. Si son reactivados, entonces se desencadena un doble proceso: intento de traducción y, si ella es imposible, salida por otros medios (delirio, psicopatía, pasaje al acto perverso, etc.).

En suma, la distinción implantación/intromisión sólo sería observable  après-coup, dependiendo de si la traducción pudo o no realizarse.

 a 4, 5 y 6) Me resulta difícil dialogar plenamente dada mi ignorancia de Bion y mi comprensión no defensiva (freudiana) del clivaje. No creo que los contenidos, temporales o definitivos, del inconsciente enclavado puedan encontrarse en otra parte que ahí donde están: inscritos en el espíritu-cuerpo en formación. No veo cómo esos contenidos pueden reencontrarse en el mundo exterior, salvo en forma de actos más o menos violentos.

 Sin embargo, una cuestión importante que usted plantea permanece abierta: las relaciones entre las partes A y B del esquema. En  mi opinión, el límite del clivaje del yo es necesariamente variable, sujeto a modificaciones. Según los individuos y según los momentos, puede encontrarse más o menos desplazado hacia la derecha o hacia la izquierda. Pienso que para que haya circulación entre ambas partes, más importantes que los nuevos intentos de traducción son los procesos de detraducción iniciados por la cura. Al hacer volver a lo consciente elementos que la represión dejó caer, esa detraducción permite reintroducir a esos elementos en el marco de su mensaje enigmático de origen. Se cruza la barrera de A hacia B. Luego, si hay un nuevo intento de traducción, ésta corre el riesgo (con suerte) de arrastrar con él (hacia A) partes del inconsciente enclavado que creíamos que permanecerían por siempre inmutables y psicóticas.

La última parte de su texto, «El pseudo-inconsciente de lo mito-simbólico», propone muchas vías de las cuales sólo señalaré una: lo «mito-simbólico» no es tan sólo una «ayuda»; puede ser un obstáculo para la traducción, como en el caso de los mensajes superyoicos. Sus dos últimas páginas me parecen abrir pistas fecundas, una vez establecido que el mito (colectivo, como lo es en su origen) no está en el centro del inconsciente y, según los casos, puede tener los efectos más fecundos o los más tristemente banales, como por ejemplo la hiper-edipización mediática contemporánea.

J.L.

Notas 

José Carlos Calich, «Pour «faire travailler» la topique laplanchienne», publicado en Psychiatrie française, XXXVII, 3-2006, «Le concept d’inconscient selon Jean Laplanche», p. 34-44. Traducción: Deborah Golergant  [La traducción de este texto ha sido revisada en enero de 2014].

1. [Cf. Nuevos fundamentos para el psicoanálisis, Amorrortu, p. 140.

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