El regreso de lo hereditario

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La verdadera teoría psicoanalítica de la pulsión nace con el abandono de la teoría de la seducción. Esta concepción ha sido nuevamente sostenida por Ilse Grubrich Simitis en un artículo recientemente publicado, titulado Trauma oder Trieb – Trieb und Trauma: Wiederbetrachtet (Trauma y pulsión – pulsión y trauma: revisión de la cuestión). El término revisión (Wiederbetrachtung) se refiere al hecho de que, hace veinte años, la autora ya había publicado un artículo que también trataba sobre la relación entre trauma y pulsión.

En 1983 Ilse Grubrich Simitis redescubrió un manuscrito, hasta entonces perdido, que representaría el 12º estudio metapsicológico de Freud. Con motivo de este redescubrimiento, Ilse Grubrich Simitis se propuso describir el papel y la función de la « fantasía filogenética » en la teoría de la pulsión. La recuperación del tema “pulsión-trauma/trauma-pulsión” servía, entonces como ahora, para exponer la importancia de atribuir un anclaje genético a la pulsión sexual. Esta recuperación sirve al mismo tiempo para recordar una vez más que Freud, en su famosa carta de 1897 a su amigo Wilhelm Fliess, había afirmado firmemente que ya no creía en su neurotica. Esta declaración instituía un “derrumbe general” (destrucción de todos los valores) que, según él, imponía la revisión de la teoría de la histeria desarrollada hasta entonces, teoría según la cual la seducción sexual durante la infancia constituiría la causa originaria de esta patología específica.

Desde hace varios años, Jean Laplanche trabaja en la elaboración de la “teoría de la seducción generalizada”. Con esta teoría, Laplanche no sólo propuso una comprensión distinta de la carta a Fliess sino que, sino que evidenció particularmente bien el cambio introducido por Freud con esa carta: la necesidad de adoptar la fantasía (el fantasma) filogenética como fundamento de la teoría de la pulsión.

Grubrich Simitis, que en otro contexto describió la obra de Laplanche como una de las mejores interpretaciones contemporáneas de Freud, oculta aquí que, en lo que respecta a la comprensión de la relación entre trauma y pulsión, Laplanche adopta una posición contraria a la suya al apoyarse en la teoría de la seducción generalizada. Antes de abordar más de cerca las posiciones de Laplanche, que dan cuenta de la interdependencia entre trauma y pulsión de una manera diferente a la de Grubrich-Simitis, me gustaría me gustaría seguir de nuevo su razonamiento sobre el tema.

Grubrich Simitis evoca una ampliación del concepto de trauma y explica que su trabajo con los sobrevivientes de la Shoa y el carácter extremo de los traumatismos que sufrieron obligan a una nueva reflexión sobre el concepto de trauma. En este contexto, el concepto de trauma sexual en la etiología de las neurosis ya no puede considerarse como suficiente y la necesidad de una concepción ampliada del trauma justifica el abandono de la teoría de la seducción. Este cambio, que significa una ampliación de la teoría del trauma, se produce en diferentes planos. El trauma es expulsado del campo de lo sexual -en el que Freud lo había desarrollado originalmente- y es trasladado más lejos, a otro dominio.

En relación al campo de lo sexual: ¿podemos quedarnos en la afirmación de que, para Freud, el trauma sexual en la forma de una seducción del niño por el adulto perdió, más aún después de « la famosa carta », su lugar como causa originaria de las disposiciones neuróticas del hombre? ¿O deberíamos avanzar más y mantener para el trauma sexual un lugar preponderante en el desarrollo psicosexual del ser humano, considerando el papel decisivo que juega, por un lado, en el concepto de après-coup (Nachträglichkeit) y, por otro, en la doble temporalidad del desarrollo sexual? Es así como Freud desarrolló el domino de lo sexual a partir del concepto de trauma: la enorme cantidad de estimulación que ataca al yo desde el interior y provoca la irrupción traumática se anuda a lo sexual bajo la forma del après-coup. El concepto de traumatismo encuentra su verdadero lugar en el devenir psíquico. Psíquicamente, el concepto de trauma se define por una ruptura de la forma y la estructura. La penetración, la actividad por oposición a la pasividad y el dolor, corresponden por lo tanto al trauma. Además, el trauma se define por su carácter singular: el trauma es siempre único, propio a cada sistema psicosexual.

En lugar del trauma sexual, en la exposición de Grubrich-Simitis encontramos el trauma de los tiempos originarios, la fantasía filogenética. Freud designó esta teoría con el término de fantasía; nunca la publico ni la habría publicado jamás, escribe Grubrich-Simitis. La fantasía filogenética da cuenta de la inscripción genética del fantasma traumático en el substrato corporal del hombre, en forma de zonas erógenas, como fundamento y punto de partida de la pulsión sexual. Por supuesto Grubrich-Simitis también admite que la transmisión hereditaria de la fantasía filogenética es científicamente insostenible: « naturalmente podemos encontrar varios argumentos que demuestran la imposibilidad de sostener como científica esta construcción freudiana y que, considerándola abstrusa, justificarían que la desechemos », escribe en su artículo (Grubrich Simitis, 2007, S. 641) Traducción libre del texto citado).

En lugar de una teoría científica, Grubrich-Simitis habla más bien de una fantasía «audaz» de Freud, y subraya la necesidad de tales momentos creativos no sólo en el arte sino también en la ciencia. Aquí no se trata de cuestionar el hecho de que sin fantasía creativa la concepción de teorías científicas sería imposible. Sin embargo, la verificación de ideas precisas en el contexto del conjunto de una teoría debe poder retomarse en el dominio de la ciencia, por ejemplo cuando las fantasías son exageradas. En estas condiciones, el hecho de que Freud no difundiera el duodécimo ensayo metapsicológico, e incluso que no lo hiciera público, puede tomar un valor declaratorio. Con ese comportamiento, Freud mismo limitaba implícitamente su «audaz fantasía».

Siguiendo la línea de pensamiento de Grubrich-Simitis, puede verse el movimiento que conduce lejos del campo de lo sexual (el abandono de la teoría de la seducción) y que circula en el dominio del trauma masivo procedente del medio ambiente (los cambios sobrevenidos durante la edad glaciar, traumatismos extremos de las condiciones de vida y los factores medioambientales en las vidas humanas, comportamientos abusivos), ambos dominios reunidos aquí intencionalmente. Sin embargo, este movimiento nos hace volver al campo de lo sexual, pero de un sexual que renunció a lo sexual infantil en beneficio de un sexual edípico / genital: es al final del movimiento que pulsión y trauma se encuentran entrelazados y dependen el uno del otro. El movimiento que conduce de una pareja de opuestos, trauma o pulsión, a la pareja cruzada, trauma y pulsión, se lleva a cabo al precio del abandono del plano sexual y, más precisamente, de la sexualidad infantil. Restringe lo sexual a la sexualidad genital, es decir al asesinato del padre originario. Así, la comprensión de la pulsión sexual como sostenida genéticamente en una zona erógena se apoya únicamente en las influencias traumáticas que provienen del exterior. Al mismo tiempo, Grubrich-Simitis aboga por una comprensión de la pulsión no como resultante de acciones externas, sino como determinada por circunstancias innatas y procedente del interior. Esencialmente, para Grubrich-Simitis lo que confiere a la pulsión unas características opuestas a las del trauma (proveniente del exterior) es este pasaje por el mundo inconsciente invisible. Pero ¿a qué concepción de la pulsión debemos finalmente referirnos para que una separación tan clara entre interior y exterior sea así decretada? En último análisis, el motor de este pensamiento se encuentra en el concepto de hereditario. Lo hereditario también es consecuencia del abandono de la teoría de la seducción, esbozada por Freud en la carta a Fliess ya mencionada. Se trata de una consecuencia de la que no hay razón para alegrarse: el factor hereditario gana fuerza con el abandono de la seducción aunque « me había propuesto desalojarlo en interés del total esclarecimiento de la neurosis me había impuesto como tarea despojarlo en interés del esclarecimiento total de la neurosis » (Freud, carta a Fliess, #69)[1]. La tendencia de Freud a atribuir, en la teoría de la pulsión, un origen hereditario a la pulsión sexual, conduce a Grubrich-Simitis, entre otros, a unirse al positivismo que siempre ejerció una presión en el pensamiento de Freud. Desde este punto de vista, la masividad y la violencia que confieren a algunos fantasmas identificados por Freud su carácter universal y repetitivo – como el amor edípico o el odio edípico – solo podían ser pensadas por Freud como emanando de una base material. Es, por ejemplo, el tipo de explicación a la que recurrió en El hombre de los lobos, con el descubrimiento de una primera escena sexual que habría ocurrido realmente, escena a partir de la cual podría entenderse la construcción de síntomas. Por el contrario, mediante la hipótesis de una seducción generalizada, tal y como fue elaborada por Laplanche, podemos sin embargo leer e identificar, incluso en los textos de Freud, otro tipo de escena primitiva. Por ejemplo, Freud reconoce que el cuidado del bebé por la madre constituye una tal escena primitiva, una escena que, en efecto, reposa en un fundamento de realidad: « Y ahora nos encontramos la fantasía de seducción en la prehistoria preedípica de la niña, pero al seductora es por lo general la madre. Empero aquí la fantasía toca el terreno de la realidad, pues fue efectivamente la madre quien, a raíz de los menesteres del cuidado corporal provocó sensaciones placenteras en los genitales y acaso hasta los despertó por primera vez. » (Freud, Nuevas Conferencias de introducción al psicoanálisis, O.C., vol. XXII, p. 118).

Las investigaciones más recientes sobre la transmisión del trauma a la segunda y tercera generación de sobrevivientes del Holocausto, especialmente las de Marion Oliner, se oponen a la idea de una transmisión genética del trauma y de los fantasmas que le están asociados. Oliner sostiene que una transmisión del trauma en el sentido de un pasaje directo a la siguiente generación es un prejuicio que debe ser revisado. Rechaza la hipótesis de «transmission» (en francés en el texto) y, a partir de su trabajo con pacientes de la segunda generación, demuestra que, al contrario de lo que se afirma a menudo, no se ven obligados a repetir el trauma de sus padres sino que más bien deben explicarse, cada uno a su manera, la experiencia traumática de éstos y desarrollar sus propios mecanismos de defensa; mecanismos que, en el plano teórico, fueron descritos y clasificados por Oliner (Oliner, 2005).

Sin embargo, fundamentalmente, en la ampliación del concepto de trauma — el pasaje de un concepto de trauma sexual primitivo a un concepto de trauma que las circunstancias del entorno habrían fijado en la forma de una inscripción genética que generaría la pulsión sexual — veo más que una ampliación. No solo veo un cambio del punto de partida de la teoría de la pulsión, sino también la limitación del concepto de trauma. Éste último pasa a estar limitado por la frontera de su inscripción corporal. Además, la parte del fantasma -el representante-representación concomitante a la pulsión- queda desplazada a un campo no sexual. Debido a estos dos elementos, se pierde el concepto específico de sexualidad infantil, que, junto con el de trauma, está estrechamente relacionado al desarrollo sexual en dos tiempos y a su importancia en la formación de la estructura psíquica. También debemos reflexionar sobre el hecho de que la tesis de la herencia de fantasmas que se inscriben en el cuerpo se acerca visiblemente a la teoría de las fantasías inconscientes innatas, pensamiento en contra del cual Freud (en oposición a Jung), y sobre todo Anna Freud (en oposición a Melanie Klein y Susan Isaacs) se pronunciaron formalmente.

Ahora me gustaría regresar una vez más al abandono de la teoría de la seducción por Freud, en la carta de 1897. Quisiera leer esta carta siguiendo a Jean Laplanche. En sus escritos sobre la seducción generalizada subraya que, aunque esta carta de Sigmund Freud a Fliess es citada muy frecuentemente, su parte final es muy rara vez recogida. Aquí está: « « Algo más tengo que agregar. En esta conmoción de todos los valores sólo lo psicológico ha permanecido incólume. El sueño se mantiene en pie con toda su seguridad y mis esbozos de trabajo metapsicológico no han hecho sino ganar aprecio. Lástima que de interpretar sueños, por ejemplo, no se pueda vivir ». »[2]. Interpretar sueños y curar pacientes se encuentran aquí uno al lado del otro. Para Freud, los dos echan raíces en el mismo suelo, el de la metapsicología y la exploración de un aparato psíquico universal: que esta exploración pueda y deba ir más allá de lo descubierto hasta ahora, también queda expresado en este fragmento.

La teoría de la seducción generalizada de Jean Laplanche encuentra su origen en la teoría de la seducción de Freud, enfatizando su carácter generalizado. Ahora Laplanche insiste cada vez más en el hecho de que «el retorno de lo hereditario» en la teoría freudiana ocurre, con el abandono de la teoría de la seducción, en un momento en el que Freud aún no disponía del concepto de sexualidad infantil, tal como lo desarrolló en los Tres ensayos de teoría sexual. Este concepto, descrito en 1905, está ligado al de après-coup. En el marco del desarrollo en dos tiempos de la sexualidad humana, la sexualidad infantil comporta un efecto traumático. Este efecto es universal, en la medida en que es traumático para todos y no estaría solo en la fuente de la formación de una neurosis. Como lo precisa Laplanche, el abandono de la teoría de la seducción no implica un retorno a lo biológico, ya que todo proceso humano es indisociablemente psíquico y biológico, sino más bien un retorno a lo innato, a lo hereditario: «El factor biológico continúa siempre presente como la otra cara de lo psicológico. Por el contrario, esa reconquista de lo hereditario que Freud anuncia, el retorno del factor innato, recorre toda la historia del freudismo con algunas etapas de las que solo mencionaré tres: Los fantasmas originarios, Totem y tabú, Moisés y el monoteísmo»  (Laplanche (2003), Tres acepciones de la palabra «inconsciente» en el marco de la teoría de la seducción generalizada, Psychiatrie française, vol. XXXVII 3/06)[3].

El concepto de sexualidad infantil, que con los  Tres ensayos de teoría sexual universalizó la posición inicialmente perverso-polimorfa del ser humano, debe, según Laplanche, reexaminarse en el contexto de la situación antropológica fundamental. La relación asimétrica niño/adulto está en el origen de la transmisión al niño de mensajes comprometidos por el inconsciente del adulto. Esos mensajes enigmáticos serán traducidos por el niño, pero su traducción no se produce de una sola vez sino en dos tiempos. En el primer tiempo, el mensaje inscrito será primero sentido como cuerpo extraño, en el sentido de un ataque externo que debe ser integrado y dominado. Desde este punto de vista, el concepto de trauma y el concepto de pulsión sexual humana están indisociablemente ligados. En un número publicado en 2004 en la revista Psyché encontramos una presentación de la teoría de la seducción generalizada de Laplanche. Ahí se exponen los conceptos-claves esenciales de la teoría, especialmente aquéllos de situación antropológica fundamental, mensaje y traducción.

Aceptar el carácter hereditario del trauma y de «sus» fantasmas significaría efectivamente que el trauma, que caracteriza a la sexualidad humana – trauma que a pesar de su carácter universal no es menos inherente a las circunstancias individuales y a la historia singular-, se convertiría en un trauma universal y general, firmemente inscrito antes del nacimiento, grabado por la vía de la herencia genética y que determina realmente la pulsión sexual del ser humano.

Es por esta razón que me gustaría que la relación entre trauma y pulsión no sea concebida como estableciéndose en los cambios del ambiente de la era glaciar, tal como la describe Grubrich-Smitis, sino más bien buscarla en la situación de la pareja adulto/niño, una situación efectivamente nueva y que, por lo tanto, genera una situación eficazmente traumática. Así se podría reencontrar la significación de la sexualidad infantil, concepto freudiano fundamental para la teoría psicoanalítica de la pulsión. Este es el concepto al que Jean Laplanche, en su actividad y sus reflexiones de los últimos años sobre los textos freudianos, ha dado una forma cada vez más completa y elaborada.

* «Le retour de l’héréditaire». Texto presentado en las Journées Internationales “Jean Laplanche”, Lanzarote, 2008. Traducción: Lorenza Escardó. (A partir de la versión francesa, traducida del alemán por Hélène Tessier.)

[1] Sigmund Freud. Cartas a Wilhelm Fliess (1887-1904), Amorrortu, 1986. Carta 139 en esta versión, p. 285.

[2] Op. cit., p. 286.

[3] Trad. Esp. In ALTER Revista de psicoanálisis, nº 4, 2009, http://revistaalter.com/revista/tres-acepciones-de-la-palabra-inconsciente-en-el-marco-de-la-teoria-de-la-seduccion-generalizada/1111/