Formando nuevos nudos. Homenaje a Jean Laplanche (1924-2012)

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Jean Laplanche, uno de los pensadores psicoanalíticos más eminentes y originales de Europa, murió el 6 de mayo a los 87 años. Su muerte supone el final de una extraordinaria carrera intelectual dedicada al análisis meticuloso y  la expansión crítica rigurosa del descubrimiento freudiano.

Laplanche nació el 21 de junio de 1924 en una familia de viticultores dueña del prestigioso Château de Pommard en Borgoña. En 1940, a los 16 años, se mudó a París para estudiar en el Colegio Henri IV con el objetivo de, eventualmente, hacer la carrera de filosofía en la École Normale Supérieure (ENS). Fue en el colegio donde conoció a su futuro colaborador Jean Bertrand Pontalis. Después de completar su educación secundaria, Laplanche pasó los años 1943 y parte de 1944 trabajando con la Resistencia Francesa antes de ingresar en la ENS para el año académico de 1944-1945. Allí tuvo como profesores a algunos de los filósofos más importantes de la época: Ferdinand Alquié, Gaston Bachelard, Jean Hyppolite y Maurice Merleau-Ponty. Fue en particular gracias a Hyppolite y a Alquié que Laplanche comenzó a interesarse por el psicoanálisis. Su interés aumentó cuando ganó una beca en la Universidad de Harvard para el año 1946-1947. Ahí estudió en el progresista Departamento de Relaciones Sociales, donde tuvo contacto con psicoanalistas profesionales así como con antropólogos culturales que trabajaban con ideas psicoanalíticas. De regreso en París, con la recomendación auspiciosa de Alquié, Laplanche comenzó un análisis con Jacques Lacan que continuaría hasta 1963. Alrededor de 1951, después de haberse graduado en filosofía, decidió convertirse él mismo en analista.

Con esta meta, siguiendo el consejo de Lacan, Laplanche emprendió una formación médica. Realizó internados en psiquiatría y escribió una tesis sobresaliente sobre la esquizofrenia y la poética de la locura en Hölderlin (Hölderlin au détour de sa folie et de son oeuvre), obteniendo su MD en 1959. Su análisis con Lacan fue reconocido retrospectivamente como un análisis didáctico y sus propias supervisiones analíticas tuvieron lugar en 1959-1960.

Laplanche se mantendría políticamente activo después de la guerra. Siendo inicialmente miembro del Partido Comunista Internacional anti-Stalinista, en 1948 participó como fundador de la disidente organización Socialisme ou Barbarie. Sin embargo, pronto llegó a sentirse insatisfecho con la “hegemonía”  ejercida  sobre el grupo por Cornelius Castoriadis, así como con su visión “apocalíptica” del cambio.[1] Además, a diferencia de Castoriadis, Laplanche encontraba cada vez más difícil mantener simultáneamente sus actividades políticas y psicoanalíticas. En la década de los 60s, su interés por el psicoanálisis comienza a adquirir  prioridad.

En 1961, Hölderlin y el problema del padre -la monografía basada en la tesis de medicina de Laplanche- fue elegida por Daniel Lagache para la colección «Bibliothèque de psychanalyse» publicada por Presses Universitaires de France. Esto inauguró una relación con PUF que continuaría durante el resto de la vida de Laplanche. Alrededor de 1962 Laplanche había asegurado su primera posición como profesor en la Sorbonne.

Durante el año siguiente, Laplanche –junto a otras figuras importantes de su generación como Pontalis, Didier Anzieu y Daniel Widlöcher- rompe institucionalmente con Lacan en una de las varias  disputas organizacionales que fracturaron la comunidad psicoanalítica francesa durante este periodo. Laplanche pertenecía a la Société Française de Psychanalyse (SFP), una organización que Lacan había fundado una década antes sin el reconocimiento de la Asociación Psicoanalítica Internacional (IPA). En 1963, en medio de una controversia respecto a la práctica analítica y la enseñanza de Lacan, la IPA expresó un acuerdo formal para reconocer a la SFP con la condición de que Lacan dejase de ser analista didacta. La organización quedó definitivamente escindida entre aquéllos que eran fieles a Lacan y una mayoría abierta a ser recibida por la IPA. Laplanche estaba en este último grupo. A pesar de su enorme admiración por su mentor, ya en 1960 había establecido ciertas diferencias metapsicológicas con él en un texto escrito en coautoría con Serge Leclaire («El inconsciente: un estudio psicoanalítico»[2]), y era –y seguiría siendo durante toda su vida- profundamente crítico respecto a la práctica lacaniana de las sesiones cortas. La SFP se disolvió; los lacanianos fundaron la École Freudienne de Paris y el resto formó la Association Psychanalytique de France (APF) con el reconocimiento oficial de la IPA. Laplanche ocuparía la presidencia de la nueva organización entre 1969 y 1971.

A diferencia de la monografía sobre Hölderlin, de más difícil categorización, los dos siguientes libros de Laplanche fueron bastante rápidamente traducidos al inglés y, durante varios años, fueron las piedras angulares de su reputación en el mundo anglófono. El primero fue el Diccionario de Psicoanálisis (1967), el volumen monumental emprendido a sugerencia de Lagache y escrito en coautoría con Pontalis. Producto de un trabajo de ocho años, el Diccionario se convirtió rápidamente en un libro de referencia indispensable para cualquiera que enseñara o estudiara psicoanálisis. Una clave del éxito del libro, junto a su claridad  característica y a la  precisión de su escritura, fue la decisión de los autores de evitar producir un simple “diccionario de términos”. En lugar de fijar o clarificar falsamente la terminología freudiana, Laplanche y Pontalis ofrecen una exposición dinámica y diacrónica de conceptos individuales, rastreando el trayecto de su desarrollo y siguiendo los giros teóricos implícitos y los tropiezos en su elaboración progresiva. El libro sigue siendo insuperable en profundidad y en rigor, y ha sido traducido a más de veinte idiomas.

La segunda monografía de Laplanche, Vida y muerte en psicoanálisis, apareció en 1970. Surgió directamente de la investigación llevada a cabo para el Diccionario, pero también buscó «hacer trabajar a Freud», para usar una de las frases favoritas de Laplanche. Ilustrando una práctica metodológica  que orientaría su trabajo hasta el final, Laplanche llevó a trasportar los principios de la interpretación psicoanalítica sobre el propio corpus freudiano. Su meta no era producir una psicobiografía de Freud sino desmantelar la historia «manifiesta» del pensamiento freudiano para  rastrear lo que llamaba «la historia latente y parcialmente inconsciente» que se le opone.[3] Esta historia latente era el yacimiento de los conceptos perdidos y marginales de Freud, de las obstinadas represiones y exclusiones  intelectuales, de los rodeos repetitivos y las compensaciones teóricas implícitas que comprometen la declarada lógica del trabajo.  El propósito crítico de Laplanche era doble: primero, captar en toda su complejidad y en sus contradicciones la lógica interna según la cual se desvela  realmente el pensamiento de Freud; y segundo, mostrar mediante una rigurosa lectura dialéctica que esa lógica está vinculada de un modo esencial al objeto fundamental de la reflexión freudiana. Mostró que las tensiones latentes, las represiones y las contracorrientes legibles en la evolución del pensamiento de Freud, eran correlatos discursivos sintomáticos de las contradicciones y exclusiones reales inherentes al mundo psíquico descrito por Freud. Vida y muerte fue la primera demostración sostenida de cómo, bajo la mirada penetrante de Laplanche, el pensamiento de Freud aparece no sólo infinitamente más rico de lo que ciertas ortodoxias psicoanalíticas nos hicieran creer, sino como teniendo una historia cuyas propias líneas defectuosas e incoherencias pueden ser vistas como la réplica de algo esencial relativo a la vida psíquica del ser humano.

En el mismo año en que publicó Vida y muerte, Laplanche llegó a ser Profesor de Psicoanálisis en la Universidad de Paris VII. Ahí, en la estela de Mayo del 68, Laplanche co-fundó  el nuevo Centro para la enseñanza y la investigación en Ciencias Humanas Clínicas. Permanecería siempre convencido de que el psicoanálisis tenía un lugar independiente y de pleno derecho en la Universidad -no sólo en institutos de formación poblados de clínicos- y que el rigor y la libertad intelectual que proporciona el marco universitario era indispensable para que la disciplina conserve su vitalidad. Así, durante su época en Paris VII instituyó un programa de doctorado controversial para investigaciones no clínicas en psicoanálisis. También se convirtió en director de una nueva colección en PUF, «Voix nouvelles en psychanalyse», que publicaría las mejores monografías escritas por algunos graduados del programa de Paris VII, y fundó una revista trimestral, Psychanalyse à l’Université (1975-94), que juntaba nuevos trabajos de investigadores universitarios y de clínicos de la APF, así como material inédito de Freud y de Melanie Klein.

Los seminarios de enseñanza que impartió Laplanche  como parte del programa de doctorado en París VII desde comienzos de los 70s hasta comienzos de los 90s, fueron publicados en una serie de siete volúmenes titulada Problemáticas. Retomando y adaptando críticamente, a partir de Bachelard y Georges Canguilhem, la importante noción de «problemática», estos volúmenes reanudan y amplifican  la particular metodología presentada en Vida y muerte, interpretando el trabajo de Freud vis-à-vis los campos conceptuales estructurados y estructurantes que subyacen a la historia de su desarrollo teórico.

De este cuidadoso recorrido por las problemáticas freudianas iba emergiendo la reformulación de la metapsicología psicoanalítica del propio Laplanche. En 1987 publicó Nuevos fundamentos para el psicoanálisis[4]. Este libro ofrece tanto una síntesis de las cinco Problemáticas que ya habían sido publicadas, como una exposición a la vez exhaustiva y sistemática de las coordenadas que permiten repensar la metapsicología que de ellas deriva. En el núcleo de este trabajo encontramos la re-elaboración radical de la prematura y abandonada «teoría de la seducción» de Freud. Con la hipótesis de la seducción, Freud había planteado inicialmente que la neurosis era consecuencia de un trauma sexual infantil. El enfoque laplanchiano de la seducción era completamente distinto de aquellos esfuerzos ingenuos y peligrosos de rehabilitación de la vieja hipótesis freudiana en la forma de la así llamada terapia de “recuperación de la memoria” [“recovered memory” therapy]. Mientras que la teoría de la seducción de Freud intentaba comprender un modo particular de patología psíquica y enfatizar  la significación a-etiológica del abuso sexual, Laplanche propuso retirar a la seducción de la esfera puramente patológica para darle una posición fundamental en el origen del desarrollo psíquico normal. Al hacer trabajar la hipótesis rudimentaria de Freud para convertirla en una «teoría de la seducción generalizada», Laplanche enfatizó el rol fundamental del otro adulto y de su inconsciente en la formación misma del aparato psíquico, entendiendo los componentes esenciales de la psique –yo, inconsciente y superyó- como secundarios respecto a las inscripciones «enigmáticas» originarias del otro, y como adquiriendo su especificidad del éxito parcial y el necesario fracaso de los intentos del infante por dominar, simbolizar y «traducir» esas inscripciones.

La teoría de la seducción generalizada fue el núcleo gravitacional más importante en todos los textos metapsicológicos sustanciales de Laplanche después de 1987. Estos textos se encuentran ampliamente representados por tres destacables colecciones de ensayos que profundizaron y diversificaron progresivamente las perspectivas propuestas en Nuevos fundamentos: La révolution copernicienne inachevée[5] (1992; este trabajo también reúne varios  de sus escritos de las décadas del 60, 70 y 80), Entre seducción e inspiración: el hombre (1999)[6] y, finalmente, Sexual. La sexualité élargie au sens freudien (2007, traducido al inglés por John Fletcher, Jonathan House y Nicholas Ray como Freud and the Sexual: Essays 2000-2006, International Psychoanalytic Books, 2012)[7]. El mundo anglófono a menudo se ha tardado en apreciar que Laplanche es algo más que un brillante lector de Freud, pero este trabajo teórico más abiertamente «independiente»  ha generado un gran interés tanto en Europa Continental  como en Latinoamérica y Canadá.

Desde 1988 hasta su muerte, Laplanche fue también el director científico del equipo encargado de la traducción francesa de las OEuvres complètes de Freud por Presses Universitaires de France. La distribución de los derechos legales para los textos de Freud entre diferentes editores franceses hizo que anteriormente no se encontrara disponible ninguna traducción francesa unificada de Freud. El proyecto de las  OEuvres complètes fue emprendido con independencia de todo control institucional, y estuvo comprometido con una traducción del texto freudiano lo más libre posible respecto de las soluciones interpretativas y las lógicas sintéticas que se habían acumulado en el trabajo a partir de varias generaciones de dogma teórico. Desplegando un meticuloso trabajo y un vocabulario conceptual consistente, el proyecto estaba comprometido sobre todo con la precisión, incluso y especialmente cuando el original podía aparecer como más necesitado  de «embellecimiento» o «reparación». «“Hacer justicia” a un gran texto -escribió Laplanche en un ensayo retrospectivo tardío- significa no disimular sino restituir sus contradicciones, sus debilidades, sus momentos de vacilación y hasta sus incoherencias»[8].

Durante una gran parte de su vida, Laplanche dividió su tiempo entre París y Borgoña. Junto a su trabajo intelectual, él y su esposa Nadine eran propietarios del Château Pommard desde 1966. Laplanche continuó escribiendo después de sus 80 años, produciendo trabajos teóricos novedosos sobre la tópica psíquica, el género y la sexualidad polimorfa, así como oportunas intervenciones polémicas en los debates acerca de la «validez» del psicoanálisis, que se volvieron tan estridentes en la década del 2000 en Francia. Estos artículos tardíos son los textos reunidos en Sexual: La sexualité élargie au sens freudien, que sería su último libro. Nadine, la esposa de Laplanche durante 60 años, murió en abril de 2010. Después de su muerte, y habiéndose deteriorado su propia salud, Laplanche restringió su trabajo sobre todo al proyecto de las OEuvres Complètes  y a facilitar y supervisar la traducción de sus propios escritos a otras lenguas europeas. Murió en el hospital de Beaune como consecuencia de una fibrosis pulmonar.

Junto con la brillantez de sus lecturas y traducciones de Freud así como con la riqueza del potencial de sus propios desarrollos metapsicológicos, una de las características más destacables del conjunto del trabajo de Laplanche es su fuerza argumentativa y su consistencia sistemática. Desde el comienzo, el propio movimiento y la estructura de su pensamiento fueron una representación de su concepción de lo que es, o puede ser,  el análisis. En un texto de comienzos de los 90s, «El tiempo y el otro», regresa a la etimología de «psicoanálisis» enfatizando el vector de descomposición y des-sedimentación que implica la raíz griega analuein, «deshacer» o «destejer». El psicoanálisis, sostenía, es un trabajo de «desligazón» meticulosa de los lazos que sostienen el discurso consciente, no con el objetivo de una entropía psíquica sino para facilitar nuevos enlaces, síntesis y construcciones que sean  menos represivas, menos restrictivas: «el psicoanálisis [es un] destejer para que se teja una nueva trama, [un] desanudar para dejar que se formen nuevos nudos»[9]. En este sentido específico, el proyecto de Laplanche en su totalidad fue un análisis de toda una vida del trabajo de Freud: una continua investigación y desanudamiento del tejido manifiesto de su pensamiento para poder dejar el campo libre a nuevas formas de conceptualización más rigurosas, hasta llegar a lo que Laplanche llama la exigencia «Copernicana», que guió  el avance original de Freud.

En «El tiempo y el otro», Laplanche toma como modelo del trabajo  de desanudamiento analítico a la figura de la  Penélope de Homero en su telar. En su opinión, leyendo en cierto modo contra la corriente, Penélope era una figura ejemplar del duelo; su repetitivo trabajo de tejido y destejido  era un emblema del desasimiento gradual pero incansable de los lazos que la ataban a su esposo, quien tal vez no volvería nunca, y de la orientación parcial de ese trabajo hacia la posibilidad de una nueva composición. En este relato, el duelo emerge como el prototipo exacto del trabajo analítico. Ambos son un ajuste de cuentas con el pasado, una elaboración del legado del otro, estructuralmente interminable aunque parcialmente dirigida hacia el futuro. La muerte de Laplanche nos acerca a una inmensa labor de ajuste de cuentas realizada por uno de los más asiduos y devotos herederos de Freud. Nos deja con una notable obra de pensamiento y con una permanente vocación al análisis, al duelo.
* « Jean Laplanche, 1924-2012 Forming new knots ». Este artículo apareció por primera vez en Radical Philosophy, 174 (Julio/Agosto, 2012) y contamos con el permiso correspondiente para su reedición. [This article first appeared in Radical Philosophy, 174 (July/August, 2012) and is reprinted here with permission]. Traducción: Deborah Golergant. URL : http://www.radicalphilosophy.com/obituary/jean-laplanche-1924-2012

[1] Véase Jean Laplanche «The other within: an Interview with Jean Laplanche», Radical Philosophy, 102, Julio/Agosto, 2000, pp. 31-32.
[2] Cf. en El inconsciente y el ello, p. 251 y sgtes, Amorrortu, 1988.
[3] Jean Laplanche, Vida y muerte en psicoanálisis, Bs Aires, Amorrortu, 1992 p. 10-11.
[4] Amorrortu, 1989.
[5] Los artículos más recientes de este libro se encuentran en La prioridad del otro en psicoanálisis, Bs. Aires, Amorrortu, 1996.
[6] Amorrortu, 2001.
[7] [Pueden encontrarse 4 artículos de este libro traducidos al español en Alter. Revista de psicoanálisis (n° 1, 2, 3 y 4). N.T.]
[8] «Freud tel que je le frequente», en Sexual. La sexualité élargie au sens freudien : 2000-2006, Paris : PUF, pp. 265-6.
[9] «El tiempo y el otro», en J. Laplanche, La prioridad del otro en psicoanálisis, Amorrortu, 1988, p. 128.

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