Jean Laplanche, psicoanalista

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Por  un  guiño del destino, Jean Laplanche (21 de Junio de 1924 – 6 de Mayo de 2012) murió en Dijon el día del nacimiento de Freud (6 de Mayo de 1856). Con una obstinación muy campesina, este nieto de obrero de la viña no dejó de labrar  el campo freudiano para encontrar ahí las líneas de fuerza, los bellos pasajes, la radical subversión, que la propia abundancia de la obra de Freud, la babelización de su herencia, su recuperación por la moda, contribuyeron tanto a oscurecer como a banalizar.

Escolarizado en Beaune, antiguo alumno de la Escuela Normal Superior, catedrático de filosofía formado complementariamente en Harvard (donde se encuentra con el psicoanalista Rudolph Löwenstein), este profesor asistente en la Sorbonne, luego profesor en Paris VII, era también ex-interno en los  hospitales psiquiátricos del Sena. Esta otra carrera se la debía a su primer psicoanalista –Jacques Lacan, 1947- quien, en su búsqueda de seguidores y habiendo reconocido la exigencia intelectual de este analizando, le convence de estudiar medicina. Lo que, por lo demás, no le impide convertirse también en viticultor y viñatero (Château Pommard).

En 1943, Jean Laplanche se ve llevando mensajes para la resistencia en los alrededores de Beaune. En 1948, con Cornelius Castoriadis y Claude Lefort, forma parte del grupo de pensadores antistalinistas «Socialisme ou Barbarie». También participa, en 1963, con Wladimir Granoff, Jean Claude Lavie y Daniel Widlöcher, en la fundación de la Asociación Psicoanalítica de Francia (APF), donde varios compañeros de la premier heure deciden desmarcarse de las prácticas de Lacan.

Jean Laplanche, siguiendo la huella de la célebre «carta 52» (1896) de un Freud todavía próximo a las neurociencias de su época, es el autor de una teoría de la represión en tanto fracaso parcial de la «traducción» impuesta al niño por la parte sexual –intrusiva- que viene a lastrar los mensajes que, sin saberlo, los adultos envían a los infantes a la hora de aportar los cuidados precoces. Pero también es el iniciador y el director científico de la nueva traducción de la edición crítica –sin equivalente- en PUF, de las Obras Completas de Freud (con la colaboración especialmente de Janine Altounian, André Bourguignon, Pierre Cotet, Alan Rauzy, François Robert), publicación cuyo último volumen de escritos propiamente psicoanalíticos saldrá en 2012 («El chiste y su relación con lo inconsciente»).

Laplanche es universalmente conocido en el mundo de las ciencias humanas por su Vocabulaire de la psychanalyse (PUF, 1967), elaborado conjuntamente con Jean-Bertrand Pontalis. Los psicoanalistas de las escuelas más diversas terminan siempre refiriéndose, en caso de duda, a esta obra única que, con el mayor rigor, se dedica a articular tanto lógica como históricamente el conjunto de los conceptos freudianos. Minuciosa y crítica, desprovista de toda intención hagiográfica, la obra de Laplanche (inaugurada con su tesis Hölderlin et la question du père, 1959) se aplica –en un «retorno sobre Freud» marcado por su «infiel fidelidad» (cuando Freud se olvida de ser freudiano)- a despejar racionalmente y con una gran claridad lo esencial de la metapsicología.

En el corazón de ésta palpita la noción de pulsión en tanto campo de fuerza rigurosamente diferenciado de aquél del instinto, por surgir de la intensidad original, para todo infante, de la relación primordial con el otro. En efecto, sobre la pista freudo-laplanchiana lo «sexual» no se confunde en nada con lo sexuado, lo genital, lo genésico ni, menos aún, con el género. Habiendo atravesado minuciosamente la herencia post-freudiana (Klein, Bion, Winnicott, Lacan, Schafer, Fonagy, …) donde, a pesar de importantes planteamientos, lo esencial de la metapsicología freudiana corre sin cesar el riesgo de perderse, la obra de Laplanche se encuentra con aquélla de Ferenczi (1873-1933) para refundar, generalizándola, la teoría de la seducción. Esta refundación se cristaliza en Nuevos fundamentos para el psicoanálisis (1987): una obra austera, fruto de un cuerpo a cuerpo textual depurado con el corpus freudiano, jalonada por la publicación de los siete volúmenes de las Problemáticas (1980-2006) producto de la enseñanza en Paris VII.

Imaginar que la noción de realidad psíquica o de fantasma inconsciente –específica de la teoría psicoanalítica- procedería de la renegación por Freud de su teoría de la seducción responde a una imaginería y a un malentendido constantemente desmentidos por los textos y la práctica de su autor. Producto de un dispositivo clínico que permite la expresión del inconsciente individual sexual reprimido, la metapsicología no deja de nutrir la clínica, a su vez, para hacer de ella una praxis donde lo «sexual», en su forma menos biológica posible, es objeto de un estudio constante. Desde un punto de vista epistemológico, la teorización que surge de ella es estrictamente racional en su articulación y, a la vez, se revela falsificable (a pesar de ciertos equívocos) en el sentido popperiano del término. No por el hecho de no prestarse a la investigación experimental, la metapsicológia es un modelo menos científico, fecundo y refutable.

Otra cosa son las derivas sectarias que llevaron  al psicoanálisis a auto-excluirse del debate, lo que le valió, no sin razón, algunas críticas vigorosas. En un planeta distinto, hermético a los efectos de la moda, la obra de Laplanche restablece la obra de Freud en el corazón de su especificidad. La de una lectura racional de lo humano que desemboca en una antropología sólidamente anclada en la realidad, así como en prácticas clínicas múltiples donde se conjugan y se diferencian, sin excluirse, los tiempos psicoterapéuticos y psicoanalíticos de la síntesis y del análisis. Con el transcurso del tiempo, la refundación freudo-laplanchiana del psicoanálisis se adhiere cada vez más a la línea clara de Hergé, tal como lo muestran sus dos últimos escritos: Entre seducción et inspiration: l’ homme[1] y «Sexual», la sexualité élargie au sens freudien (1999 y 2007, PUF).

Ajeno a toda seducción, el autor de la teoría de la seducción generalizada nunca tuvo discípulos: más bien colegas seducidos –incluso consolados- por su refundación del pensamiento freudiano. Pues en esta época  donde pensar es ya resistir, bajo la pluma de Laplanche,  ¡nada más nuevo que Freud!

 


«Jean Laplanche, psychanalyste», en La revue nouvelle, «Des territoires en projet(s)», Mayo-Junio, 2012 / nº 5-6.  Traducción : Deborah Golergant.
 Christophe Dejours y Francis Martens, Consejo Científico de la «Fundación Jean Laplanche, Nuevos fundamentos para el psicoanálisis», Instituto de Francia.
[1] [J. Laplanche, Entre seducción e inspiración: el hombre, Buenos Aires: Amorrortu, 2001].

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