Por amor a Freud. Homenaje a Jean Laplanche (1924-2012)

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Jean Laplanche dedicó gran parte de su vida al trabajo psicoanalítico de la obra de Freud. Una primera muestra del alcance de este trabajo es el Diccionario de psicoanálisis (1967)[1], donde nos ofrece, junto a J-B. Pontalis, un instrumento confiable para referirnos a Freud a partir de lo que él mismo dijo, recuperando ciertas nociones importantes hasta entonces desatendidas como «apuntalamiento» o «après-coup».  Esta obra, que puede considerarse indispensable para facilitar un estudio crítico de los principales conceptos de nuestra disciplina, aumentó en gran medida la posibilidad de conocimiento y discusión de la teoría freudiana tanto dentro como fuera del mundo psicoanalítico. El propio Laplanche la utilizaría posteriormente para profundizar en la elaboración de varios de los conceptos que se había encargado de rastrear y delimitar, un trabajo de varios años que se encuentra  tanto en Vida y muerte en psicoanálisis[2] como en las Problemáticas (1980-2006)[3].

Poniendo en primer plano la revolucionaria invención freudiana del método psicoanalítico y mostrándonos su fecundidad en el estudio de la propia obra de su creador[4], Laplanche se empeña en llevar a cabo este trabajo  en la Universidad, donde sabía que debía encontrarse la investigación psicoanalítica para poder formar parte de la comunidad científica y, así,  evitar el aislamiento y las derivas ideológicas a las que a veces parece empujarla su marco institucional. Desde sus primeros textos, Laplanche apostó firmemente por los requisitos de rigor y claridad, indispensables para dar una oportunidad al debate y a la crítica que hacen avanzar el conocimiento.

A partir de la década de 1980, Laplanche encabeza el equipo encargado de la traducción, para Presses Universitaires de France (PUF), de  una primera  edición francesa unificada de las Obras de Freud. Como si no hubiese bastado con el Vocabulaire de la psychanalyse y el proyecto –en ese entonces a medio camino- de la elaboración de las Problemáticas, este otro trabajo le hacía mantener un contacto aún más cercano y permanente con el pensamiento freudiano. Tal vez fue ese vínculo estrecho que fue construyendo con la obra de Freud lo que le permitió  tomar la distancia necesaria como para poder señalar sus impases, sus extravíos, las falsas vías que llevaron a que el propio Freud se apartase de lo esencial de su descubrimiento. Creemos que un aporte fundamental de Laplanche al psicoanálisis es enseñarnos a entender esas «falsas vías», en las que se interna Freud, ante todo como  consecuencia inevitable de las trampas que le tendía su propio objeto de estudio, el inconsciente. En lo personal, su obra es la herramienta que, a partir de esa enseñanza, nos permite orientarnos en el complejo laberinto del universo freudiano.

Laplanche siempre mostró por la obra de Freud  un inmenso respeto, cuidó de ella y creyó en ella sin idealizarla; no tomó partido a priori por ninguna de sus partes sino que supo verla en su totalidad, la trató como un «objeto total». Pero tal vez su amor por esa obra se refleja sobre todo en el hecho de que no se detuvo ante la constatación de que para poder rescatarla debía someterla a un duro trabajo -comparable a un «trabajo de duelo» o a un «trabajo analítico»- del cual saldría profundamente transformada, casi irreconocible y, paradójicamente,  más cerca que nunca de su esencia. A contracorriente del pensamiento psicoanalítico oficial, el autor de Nuevos fundamentos para el psicoanálisis (1987)[5] tuvo el valor de detraducir la obra freudiana, de deconstruir ese edificio de columnas endebles sobre el que creíamos poder seguir construyendo sin tener que ocuparnos primero de fortalecer su andamiaje. Pensamos que la deconstrucción-reconstrucción de esa obra monumental, que a lo largo de la historia del psicoanálisis ha sido constantemente retocada y aumentada desde diversos criterios no coordinados entre sí, le aporta por fin, con la teoría de la seducción generalizada, unos cimientos sólidos al mismo tiempo que le permite recuperar su aspecto impactante y revolucionario: el de la prioridad del otro en psicoanálisis[6], el del origen exógeno y traumático de la pulsión sexual y del inconsciente, un aspecto que desde siempre se tiende a olvidar.


[1] Labor, 1983.

[2] Amorrortu, 1973.

[3] Amorrortu: La angustia, 1988; Castración. Simbolizaciones, 1988; Sublimación,1987; El inconsciente y el ello, 1987; La cubeta. Trascendencia de la transferencia, 1990; El extravío biologizante de la sexualidad en Freud, 1998 y El après-coup, 2012.

[4] Cf. «Interpretar [con] Freud» (1968), en Interpretar [con] Freud y otros ensayos, Nueva Visión, 1978.

[5] Amorrortu, 1989.

[6] Con este título Laplanche recopila sus artículos publicados entre 1989 y 1992; Amorrortu, 1996. Sus últimos escritos -reunidos en los volúmenes Entre seducción e inspiración: el hombre (1999), 2001 y Sexual. La sexualité élargie au sens freudien (2007)- también son elaboraciones a partir de la teoría de la seducción generalizada.

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